VIRGEN DEL ROSARIO DE SAN NICOLÁS

Fiesta: 25 de septiembre























 El 25 de septiembre de 1983 la Santísima Virgen María se le apareció a una humilde mujer de la ciudad de San Nicolás de los Arroyos, en la provincia de Buenos Aires, Argentina.
La Virgen volvió a aparecerse a la mujer en otras oportunidades para darle distintos mensajes. En ellos le indicó su deseo de que se construyera una Iglesia en ese lugar, y el de hacer acuñar una medalla con su imagen como la advocación "María del Rosario de San Nicolás" y en el reverso, la Santísima Trinidad con siete estrellas. La mujer encontró en la catedral de San Nicolás de Bari una antigua estatua en desuso que representaba exactamente a la Virgen que se le había aparecido. Esa imagen es la que se venera hoy en el Santuario de la Virgen de San Nicolás.
El día 25 de mayo del año 2009 la imagen fue coronada, y en el santuario, cada 25 de septiembre se reúnen miles de peregrinos.





BEATA MARÍA CRESCENCIA PÉREZ


María Crescencia Pérez nació en San Martín, Provincia de Buenos Aires, el 17 de Agosto de 1897. Cuando su mamá se enfermó, se mudó junto a su familia a otro lugar de Buenos Aires: Pergamino.
El 31 de diciembre de 1915 ingresó en el Noviciado de las Hermanas de las Hijas de María Santísima del Huerto, en Buenos Aires. Recibió el Santo Hábito el 2 de septiembre de 1918.
Los primeros años de su vida religiosa los dedicó a la niñez. Se desempeñó como maestra de Labores y Catequesis, en primer lugar en la Escuela Taller adjunto a la Casa Provincial y después en el Colegio del Huerto de Buenos Aires, en calle Rincón.
Una segunda etapa de su vida tuvo como destinatarios a los enfermos, especialmente a los niños tuberculosos acogidos en sanatorios, donde permaneció por varios años exponiendo su propia salud.
Murió el 20 de mayo de 1932 en el pueblo de Vallenar, Chile, donde prestaba servicio en el hospital local.
Fue beatificada el 17 de noviembre de 2012 y su fiesta se celebra el 20 de mayo.

VIRGEN DE LA MERCED

Fiesta: 24 de septiembre



La advocación mariana de Nuestra Señora de la Merced se originó en España en el siglo XII. La Virgen se les apareció a tres hombres por separado la noche del 1 al 2 de agosto de 1218: Jaime I de Aragón, Pedro Nolasco y Raimundo de Peñafort, para pedirles que trabajaran para la salvación de los cristianos prisioneros de los moros. Así fue como decidieron, fundar una orden a la que llamaron los mercedarios, en honor a su merced, la Virgen María Madre de Dios, para la redención de los cautivos.
De la mano de Pedro Nolasco se hizo formal el trabajo que él y sus compañeros ya estaban haciendo liberando y redimiendo esclavos.
La espiritualidad de los mercedarios se fundamenta en Jesús, el liberador de la humanidad y en la Virgen, la Madre liberadora e ideal de la persona libre. Los mercedarios querían ser caballeros de la Virgen María al servicio de su obra redentora, por eso la honran como Madre de la Merced o Virgen Redentora. Con ese título se la presentaban también a los esclavos, porque la Virgen de La Merced, les manifestaba su misericordia para atenderlos y liberarlos.


SAN JOAQUÍN, SANTA ANA, Y LA VIRGEN NIÑA

Fiesta de san Joaquín y santa Ana: 26 de julio
Fiesta de la Natividad de María: 8 de septiembre

  
















San Joaquín, santa Ana y la Virgen Niña
Una antigua tradición cristiana, datada ya en el siglo II, atribuye los nombres de Joaquín y Ana a los padres de la Virgen María, los abuelos de Jesús.
La tradición dice que Ana nació en Belén, y a los veinticuatro años de edad se casó con un propietario rural llamado Joaquín, galileo, de la ciudad de Nazaret.
Llevaron 20 años de matrimonio sin lograr tener hijos. Los hebreos consideraban la esterilidad como algo oprobioso y un castigo del cielo.
Joaquín, entonces se retiró al desierto, para obtener con penitencias y oraciones la ansiada paternidad. Ana intensificó sus ruegos, implorando como otras veces la gracia de un hijo.
Joaquín y Ana vieron premiada su constante oración con el advenimiento de una hija singular, María. Esta niña, que había sido concebida sin pecado original, estaba destinada a ser la madre de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado.