NUESTRA SEÑORA DE LAS MONTAÑAS DE VILLAMARTÍN Y NUESTRA SEÑORA DE CONSOLACIÓN DE UTRERA

Fiesta: se festejan el día 8 de septiembre

Nuestra Señora De Las Montañas de Villamartín:

  

















Devoción Mariana del Municipio de Villamartín, en la provincia de Cádiz de Andalucía, España.
Cuenta la historia que, en el siglo XVI, un leñador que realizaba su faena en el campo encontró una pequeña estatuilla entre la maleza. El hombre la llevó a su cabaña para sus hijas pensando que era una muñeca, pero por la noche, aquella figura desapareció de la cabaña y fue encontrada en el mismo lugar donde había sido hallada por primera vez, este suceso se repitió tres veces. Entonces, fue llevada a la parroquia de Villamartín, de donde también desapareció para volver a ser encontrada en el mismo lugar de siempre. Allí se le construyó una ermita, lo que hoy es el Santuario de la Virgen de las Montañas, en la falda del Cerro de Pajarete.


Nuestra Señora De Consolación de Utrera:





  














Devoción Mariana del Municipio de Utrera, en la provincia de Sevilla de Andalucía, España.
Hacia el año 1507 una mujer llevó una imagen de la Virgen a Utrera. Al llegar a aquel lugar, con el tiempo, la virgencita fue pasando por las manos de distintos dueños y por diferentes lugares, hasta que fijó su residencia en una ermita que se construyó un ermitaño, y que luego pasó a ser un monasterio. Con el correr de los años, esa ermita sufrió muchos cambios, por lo que también la imagen de la Virgen volvió a pasar muchas vicisitudes. Un día un ermitaño portugués se instaló en la ermita y logró que la imagen regresara a su lugar con una solemne procesión.
Lo milagroso sucedió cuando, en 1558, el ermitaño al salir a pedir limosna para la Virgen y no conseguir nada, se encontró de camino en medio de una noche terriblemente tormentosa. Estaba preocupado porque la lámpara que iluminaba a la Virgen tenía poco aceite y él no llegaría a tiempo. Sin embargo, la lámpara no se apagó, es más, pasaron varios días y la lámpara seguía encendida sin que nadie le pusiera una gota de aceite. Además el rostro moreno y deslucido de la Virgen había pasado a estar resplandeciente.