Visita 133 y 133 BIS

La casa de Marta tiene el movimiento y la animación propias de un piso de estudiantes compartido. Gente que viene y que va, que llama, que aparece y que desaparece. Sin embargo cada uno tiene su espacio especial. Como buena arandina, Marta no teme el frío, y por eso posa sentada en el antepecho de su ventana con las piernas desnudas. Basta verla allí sentada para saber cuántas veces se ha sentado allí a pensar. 

Pero, después de un breve viaje a la infancia, de la mano de su oso de peluche, esa energía implacable que hace y deshace por la habitaciones, nos roba a nuestra modelo inesperadamente. ¡Es tan intensa la vida social que brinda Madrid a los estudiantes, que con frecuencia los planes se solapan! 

Lo bueno de los pisos de estudiantes es, precisamente, eso: que siempre hay lugar para la improvisación. Y en seguida surge una suplente para completar nuestra velada de dibujo; Andrea, risueña y afable, y tan inspiradora, que nos quedamos con ganas de dedicarle más hojas de nuestros cuadernos.