Visita 138, Mariasilvia y su premio

Más de una vez os hemos contado que, cuanto más pequeño es el modelo, más define el ritmo con el que se desarrolla la sesión. Porque los ni los tienen unos horarios que no conviene cambiar, y porque a nosotros nos gusta adaptarnos al ritmo de cada casa para conocerla y vivirla. Pero la pequeña Ágata es muy joven, tiene pocos meses, y sus ritmos son aún cambiantes e imprevisibles. Hoy llora sin parar y sus padres tienen que dar lo mejor de sí mismos para consolarla.
Y entonces Anastasia, que apenas habla, y que nos mira con recelo, se sitúa en el centro de la habitación, y resulta ser una modelo disciplinada e inspiradora, capaz de sostener la sesión con cinco pares de ojos posados en ella.



Cuando comprendemos que es hora de irnos, Ágata, finalmente, se calma. Y ése es el momento en el por fin podemos disfrutar de esa parte de la visita que estábamos echando de menos, la única que nos faltaba: la conversación en familia, sobre lo que vaya surgiendo. los apellidos, la paternidad, o esa sorprendente chimenea que delata que el salón fue, hace mucho tiempo, la cocina de la casa...